Hace algunos días platicaba con una amiga que me decía, que tal vez debía aprovechar el tiempo que me queda libre para escribir acerca de mis lecturas (no se asuste el lector de estas líneas, no comenzaré a hacer análisis de libros, me dedicaré a comentar en unos cuantos párrafos a los autores que he leído y me han gustado.
Soy fanática de las buenas conversaciones, esas que te obligan a poner todos tus sentidos en ellas, en las que se habla, se parafrasea, se ficciona, se juega y ¿por qué no?, también se reta y se combate, este tipo de charlas que te dejan renovado, que te hacen sentir feliz de haber compartido ese espacio y ese tiempo con el otro.
Nueve madrugadas y media de María Luisa Puga, es un libro conversador y conversado, en el que nos encontramos ante dos personas que se reúnen en un espacio tiempo, la madrugada, para mostrar-ocultar su propio yo, a la par que hablan del otro y de sí mismos, del mundo, de la lectura y la escritura, de la vida.
Dos personajes, un hombre y una mujer, un lector y una escritora, un joven que vive su recién estrenada adultez y una mujer que casi la abandona para llegar a ser adulto mayor, ¿un espejo? Tal vez, de alguna forma todos nos reconocemos a partir del otro y en esta novela se mezclan tres miradas, las de los personajes y la del lector, pues nosotros asistimos de manera silenciosa a sus madrugadas platicadas.
