4 may 2020

La niña de los gatos...


En un cuarto hay varios gatos,
cada gato en un rincón,
cada gato ve tres gatos.
¿Sabes cuántos gatos son?





En la familia había una costumbre mi mamá solía coleccionar figuras de porcelana, que guardaba en una vitrina de cedro, esto es importante porque en mis recuerdos de infancia el aroma del cedro siempre me hacía recordar esas figuras.

Con el paso del tiempo las figuras se convertían en pequeños regalos que nos daba a los miembros de la familia en distintas ocasiones, las graduaciones, los quince años, el primer festejo de 10 de mayo después de que mi hermana se convirtió en mamá.

Mucho de nuestra historia de vida está evocado en esas figuritas, hace algunos días, de repente pensé que oficialmente los gatos son tan hermosos e inteligentes que quiero siempre tener uno cerca. Oficialmente acepté convertirme en la "señora de los gatos" animales que me parecen fascinantes.

Hace unos días volví a la casa familiar y entre mis sueños se abrió espacio una figura que casi había olvidado, cuando era muy pequeña, ni siquiera recuerdo la ocasión, me regalaron una de esas figuras de la vitrina que en mis juegos de infancia me parecía mágica, me he reencontrado con ella después de casi 20 años,  una niña de los gatos, que me hizo recordar algunas adivinanzas, canciones y poemas, que homenajean a nuestros amigos felinos.





Escucha El gato viudo





Digo de noche un gato
(Fragmento)
"Vino de noche un gato
con el color oscuro de mi sueño
y con la risa
que rueda por la tierra
sus colores profundos.
Vino de noche 
para decir diciendo 
entre maullidos
que la vida es de aire,
de aire a pleno cielo.
Vino a lamerme lento 
por mi nombre
de música y de nubes,
sobre las blancas olas
de la espuma."
María Baranda
Digo de noche un gato y otros poemas
Ed. El naranjo
#LecturaRecomendada




9 abr 2020

Jugaremos en el bosque o la memoria de la infancia

"Jugaremos en el bosque mientras el lobo no está aquí, porque si el lobo aparece entero nos comerá, lobo estás ahí..."

Desde pequeña me enseñaron a temerle a los lobos (aunque seguramente no estaré cerca de uno en el estricto sentido), a jugar sólo por un momento y a siempre estar preparada para la huida.

Muchas historias viajan con nosotros desde nuestra infancia, permean nuestro imaginario, todos identificamos a Caperucita, la niña que se adentra en el bosque llevando una canasta de comida para alimentar y procurar a su abuela enferma.

Algunas niñas según la moda en disfraces que estaba en ese momento, hemos sido Caperucita, (hasta hace algunos años mi madre conservaba en excelente estado mi caperuza de terciopelo rojo).

He leído muchas Caperucitas, de diferentes colores y lugares, pero con idéntica historia, en el germen de ese cuento está la advertencia y la lucha por sobrevivir ¿no es acaso la supervivencia una de las constantes en todos los cuentos de hadas?

Por eso quiero compartirles algo de lo que encontré en Enigmas un libro de Beatriz Martín Vidal, cuyas imágenes son impresionantes, nos acercan más a los orígenes oscuros de esos cuentos, detrás de cada página está el encuentro con lo desconocido, la sorpresa va acompañada de la fuerza de su trazo que resuena en esas historias infantiles que en algún momento nos contaron y algunas preguntas que Beatriz se atreve a enunciar, pequeños secretos que tal vez no debieran ser mencionados...



Otra vez Caperucita... esta vez no es la niña desvalida, en espera de ser rescatada, no es la pequeña que por su candidez se convierte en presa fácil para el lobo, es la diferente, la feroz, la valiente, la que lucha y se defiende sola, a pesar de su fragilidad o tal vez por la misma.



                    Caperucita negra
                               
                                               ¿Quién es ella,

                                                la que los lobos temen?                   


                                              Conoce más de la obra de Beatriz Martín Vidal                 

2 abr 2020

Entre palabras...

Hay ocasiones que existen silencios poblados de palabras, ideas que se calientan en nuestra mente, recuerdos que recuperan sensaciones en forma tangible, sonora, vibrante, que nos lleva de repente a otros momentos, ¿quién era en esa época? ¿quién soy? y entre las dos que sigo siendo, existe la poesía y la música. Palabras II
Tantos millones de bocas tienen pasadas
Pedro Salinas
En este cuarto me rodean muebles
que no conoces: tengo puesto ahora
este vestido que no has visto y miro
¿hacia adentro, hacia afuera? —No lo sabes.
Pero ahora y aquí y mientras viva
tiendo palabras —puentes hacia otros.
Hacia otros ojos van y no son mías
no solamente mías:
las he tomado como he tomado el agua
como tomé la leche de otro pecho.
Vinieron de otras bocas
y aprenderlas fue un modo
de aprender a pisar, a sostenerse.
No es fácil, sin embargo.
Maderas frágiles, fibras delicadas
ya pronto crujen, ceden.
Duro oficio apoyarse sin quebrarlas
y caminar por invisible puente.
Circe Maia Puentes de Elsa Bornemann en voz de Luna Monti

30 ago 2015

Recordando a Jairo Aníbal Niño

EL SUEÑO DE UN POETA


Sueño con una escuela libre, que escuche el corazón de sus niños, en la que sea posible el vuelo de la imaginación que muy de vez en cuando aparece en el corazón de maestros y maestras. El sistema educativo es absolutamente abominable.
El sistema ha convertido el sueño y la palabra en algo que agobia el corazón y el pensamiento de los niños. Ha convertido el acercamiento a la ciencia y a las estrellas en un deber que deja por fuera el corazón. No les pregunta jamás a los niños qué hay. Y todos los niños nacen con un don pero llegan a la escuela y ella no le pregunta qué hace.
Hay una niña que amaba el violín antes de llegar a estudiar y la escuela no le pregunta, más le cae el programa encima como un bloque de cemento armado. Si tiene suerte los papás la matriculan en una escuela de música. A la tres de la tarde saca el estuche como si fuera el estuche de su corazón y coloca el violín debajo del mentón como si fuera su corazón. De tres a seis de la tarde es feliz, a la seis debe colocar su corazón en el estuche de su corazón y regresar a su casa a hacer las tareas.
La escuela debería entender que existen unas matemáticas de la música del violín, una química del violín, una física y geometría del violín. Que se abran los espacios del conocimiento para que este sea pertinente, si es pertinente es coherente, si no lo es una tortura para los niños.
Asistimos a un fracaso del sistema y si es que los jóvenes llegan a la universidad no son capaces de escribir una carta de amor, ese es el fracaso de la escuela.
Sueño con que los hombres y mujeres más importantes estén con los niños chiquiticos. La cuestión está tan enrevesada que aquí se le denomina educación superior a la universidad, es una tontería, la universidad es una instancia de carácter específico, profesional.
El momento más importante de la escuela son los primeros años, son definitivos, ahí deben estar los profesores mejor preparados y remunerados. Debe estar el premio Nobel de química con los niños más chiquitos, pero no lo llevan a la escuela.
Si llega lo invitan a la universidad y aparecen las banderas, los himnos, los profesores y los
alumnos que están terminando, ni siquiera los primíparos.  Los hombres más grandes deben estar al lado de los niños. Qué le podemos enseñar a los niños si es que aprendemos con ellos
Pero los maestros cada vez tienen menos tiempo para soñar. Es angustioso lo que está pasando, el gobierno debería proteger los sueños y el tiempo de sus maestros para abrazar y escuchar a sus niños.
Hay una gran necesidad de afecto, muchos niños solo tienen en el maestro una posibilidad de salvación porque quizás en su casa y en el medio son agredidos, el maestro es el oasis para sus sueños.
Que respeten a los maestros que son los que construyen una Nación. La educación no se puede ver como un negocio, ni como un proyecto que eche por la borda el tiempo del amor y de la imaginación, que es el tiempo de los sueños. No es la aplicación absurda y a veces violenta de unos contenidos.
Ojalá algún día esa escuela aparezca, donde escuchen a los niños, porque ahora nadie los escucha. Yo no he conocido un Ministro de Educación que haya tenido el coraje de acercarse a un asesor de seis años de edad.

*Respuesta del poeta sobre la pregunta, ¿qué opina del sistema educativo colombiano?






22 ago 2015

Temprano

En la playa,
temprano,
cuando nadie ha llegado,
el sol sale solito
y salado.
Como un caracolito
que alguna ola trajo.
Le gusta el agua fría
con reflejos dorados,
y la arena que nadie,
todavía, ha pisado.
Como un caracolito
que el agua trae rodando,
el sol sale solito y salado.
Todo se lo dio el clavel
a la clara clavellina:
su clarín y su esclavina
de carmín y de oropel,
su clavicordio de miel,
sus claves de fa y de sol,
sus clavijas, una col,
un cascabelito viejo,
clavículas de conejo,
tres clavos y un caracol.
Mi damita, la luna.
Mi color, el añil.
Mi arbolito, la tuna.
Mi estación, la de abril.
Mi paisaje, los cerros,
la laguna, el pinar.
Mi animal, el caballo,
y el caballo de mar.
Mi canción, la del viento
cuando cruza veloz.
Y la voz del silencio,
donde hay siempre otra voz.

Aramís Quintero


Vals en las ramas



Cayó una hoja
y dos
y tres.
Por la luna nadaba un pez.
El agua duerme una hora
y el mar blanco duerme cien.
La dama
estaba muerta en la rama.
La monja
cantaba dentro de la toronja.
La niña
iba por el pino a la piña.
Y el pino
buscaba la plumilla del trino.
Pero el ruiseñor
lloraba sus heridas alrededor.
Y yo también
porque cayó una hoja
y dos
y tres.
Y una cabeza de cristal
y un violín de papel
y la nieve podría con el mundo
si la nieve durmiera un mes,
y las ramas
luchaban con el mundo
una a una,
dos a dos,
y tres a tres.
¡Oh duro marfil de carnes invisibles!
¡Oh golfo sin hormigas del amanecer!
Con el muuu de las ramas,
con el ay de las damas,
con el croo de las ranas,
y el gloo amarillo de la miel.
Llegará un torso de sombra
coronado de laurel.
Será el cielo para el viento
duro como una pared
y las ramas desgajadas
se irán bailando con él.
Una a una
alrededor de la luna,
dos a dos
alrededor del sol,
y tres a tres
para que los marfiles se duerman bien.

Federico García Lorca (España)


21 mar 2015

Los columpios

Los columpios no son noticia, 
son simples como un hueso 
o como un horizonte, 
funcionan con un cuerpo 
y su manutención estriba 
en una mano de pintura 
cada tanto, 
cada generación los pinta 
de un color distinto 
(para realzar su infancia) 
pero los deja como son, 
no se investigan nuevas formas 
de columpios, 
no hay competencias de columpios, 
no se dan clases de columpio, 
nadie se roba los columpios, 
la radio no transmite rechinidos 
de columpios, 
cada generación los pinta 
de un color distinto 
para acordarse de ellos, 
ellos que inician a los niños 
en los paréntesis, 
en la melancolía, 
en la inutilidad de los esfuerzos 
para ser distintos, 
donde los niños queman 
sus reservas de imposible, 
sus últimas metamorfosis, 
hasta que un día, sin una gota 
de humedad, se bajan 
del columpio 
hacia sí mismos, 
hacia su nombre propio 
y verdadero, hacia 
su muerte todavía lejana.

Fabio Morábito


14 mar 2015

Tesoros

Un laúd, un bastón, 
unas monedas, 
un ánfora, un abrigo, 
una espada, un baúl, 
unas hebillas, 
un caracol, un lienzo, 
una pelota.

Eliseo Diego

10 mar 2015

La historia del arcoíris

Y entonces los hombres y mujeres de maíz se estuvieron de acuerdo en cumplir con los siete trabajos para que el mundo fuera bueno y miraron al lugar donde el sol y la luna se turnan su duermevela y preguntaron a los dioses primeros que cuánto debían caminar para cumplir esos siete trabajos que sirven para hacer el mundo nuevo y entonces los dioses primeros dijeron que siete veces siete se caminaran el siete porque así había salido el número que recuerda que no todos somos pares y que siempre puede haber lugar para el otro. Y entonces los hombres y  mujeres del maíz dijeron bueno  volvieron a mirar hacia la montaña que cajita era para guardar los pechos de la madre tierra, por turnos, uno de día, de noche la otra. Y mirando los hombres y mujeres de maíz se preguntaron que cómo sabe cuántas veces es siete veces siete caminar el número siete y los dioses primeros dijeron que no lo sabían tampoco porque eran dioses primeros pero no todo lo sabían y tenían que estudiarse mucho y por eso no se iban luego sino que se quedaban con los hombres y mujeres de maíz y se pusieron a pensar juntos para juntos encontrar el buen camino que nuevo hiciera el mundo.
Y en eso estaban, o sea que pensándose, o sea que sabiéndose o sea que hablándose, o sea que aprendiéndose, o sea que estándose, cuando la lluvia se colgó en la mera mitad de la tarde sin caerse ni levantarse, nomás estando ahí y los hombres y mujeres del maíz se quedaron mirando y también los primeros dioses y ahí, nomás que se empieza a pintar un puente de luz y nubes y colores y de la montaña venía el puente y al valle iba el puente y luego clarito se veía que el puente de colores, nubes y luz no iba a ninguna parte ni se venía de ningún lado sino que nomás se estaba y entonces se entendieron que el puente de colores, nubes y luz no va ni viene, sino que sirve para ir o para venir y entonces se pusieron muy alegres los todos que se estaban pensándose y aprendiéndose y supieron que eso era lo bueno, ser puente para que vayan y vengan los mundos buenos, los nuevos que nos hacemos. Y rápido sacaron los musiqueros sus instrumentos y rápido se sacaron los pies los dioses primeros y los hombres y mujeres verdaderos y a bailar se pusieron porque ya estaban un poco pensándose y sabiéndose y hablándose y aprendiéndose. Y ya que se acabaron de bailarse, se reunieron otra vez y encontraron que siete veces siete era que siete arcoíris de siete colores tenían que hacerse caminando para que pudieran cumplirse los siete trabajos principales. Y entonces ya se supieron también que terminando los siete seguían otros siete porque los puentes de nubes, colores y luz no van ni vienen, no tienen principio y final, no empiezan ni acaban, sino que se la pasan siempre cruzando de un lado a otro. Y así quedó el acuerdo que sacaron los dioses primeros y los hombres y mujeres verdaderos. Por eso  desde esa tarde de alegría y saber, los hombres y mujeres de maíz, los verdaderos, se pasan la vida haciendo puentes, y en la muerte también se hacen puentes. Puentes siempre de colores de nubes y de luz, puentes siempre para ir de uno a otro lado, para hacer los trabajos que nacen al mundo nuevo, al que buenos nos hace siete veces siete se caminan el siete los hombres y mujeres de maíz, los verdaderos. Haciendo puentes se viven, haciéndose puentes se mueren.

Fragmento de Relatos del Viejo Antonio
Textos del Subcomandante Insurgente Marcos

19 ene 2015

La mujer pájaro

Una vez hubo una niña a la que le salieron alas. Brotaron de sus hombros y al principio eran rudimentarias. Pero crecieron rápidamente, y en muy poco tiempo tuvo alas de una medida considerable. La gente del vecindario estaba horrorizada.
- Se las tenéis que cortar - les decían a su madre y a su padre.
- ¿Por qué? - preguntaban.
- Bueno, es evidente – alegaba la gente.
- No – dijo su madre, y sonó tan rotundo que al final se marcharon.
Pero unas semanas más tarde la gente regresó.
- Si no se las queréis cortar, al menos recortádselas.
- ¿Por qué? - quiso saber el padre.
- Bueno, al menos demuestra que estáis haciendo algo.
- No – contestaron ambos, y la gente se marchó.
Entonces aparecieron por tercera vez.
- Al menos en dos ocasiones nos habéis despachado - informaron a la madre y el padre -, pero pensad en esa niña. ¿Qué estáis haciendo con la pobrecita?
- Le estamos enseñando a volar.
Suniti Namjoshi


30 nov 2014

Con los ojos cerrados



Con los ojos cerrados
Te iluminas por dentro
Eres la piedra ciega

Noche a noche te labro
Con los ojos cerrados
Eres la piedra franca

Nos volvemos inmensos
Sólo por conocernos
Con los ojos cerrados.

Octavio Paz


28 oct 2014

Una calle para mi nombre




Paseo por la ciudad de nuestra juventud,
y busco una calle para mi nombre
Las calles grandes, ruidosas,
se las dejo a los grandes de la historia.
¿Qué hacía yo mientras se hacía la historia?
Simplemente te amaba.
Busco una calle pequeña, simple, cotidiana,
a través de la cual, sin llamar la atención de nadie,
podamos pasear incluso después de la muerte.
No es importante que tenga un paisaje hermoso,
tampoco que haya pájaros.
La importante es que en ella puedan tener refugio
cualquier hombre o perro en peligro
Sería hermoso que estuviera empedrada,
pero tampoco esto es imprescindible.
Lo más importante es que
en la calle que lleve mi nombre
no le suceda nunca a nadie una desgracia.

Izet Sarajlić

26 may 2014

Una invitación a leer Electricidad

1.       Confesión
Ignoro si el deliberado o casual lector de esta novela ha padecido o al menos presenciado una crisis epiléptica , esa fuga de la conciencia, esa danza temible del cuerpo. Yo he sido testigo de más de esas crisis de lo que ninguna curiosidad infame pudiera ambicionar. Mi hermana sufrió su primera convulsión a los once meses. Nacido varios años después que ella, fui entrenado para socorrerla desde que tuve conciencia. Un niño interioriza lo excesivo con mayor habilidad que un adulto: jamás me alarmó la recomendación de introducir un tenedor o un lápiz en la boca de mi hermana para evitar que se arrancara la lengua de un mordisco (las técnicas de auxilio han evolucionado desde entonces; hoy, a pocos médicos en el Occidente del mundo se les ocurriría recomendar atrocidades como aquellas, pese a que todavía son comunes en otros rumbos del planeta.
2.       El mal bennu
El espectáculo de una convulsión es grosero y cruel. Nos rebasa: un cuerpo convertido en marioneta de un puñado de conexiones nerviosas desquiciadas. Imposible sospechar juego alguno en el retorcimiento de la presa: un espasmo, para quien lo padece, resulta una mezcla inadmisible del dolor, felicidad, abandono. No resulta insólito que los antiguos tibetanos, griegos y romanos atribuyeran la epilepsia a la mano de los dioses. Tampoco que, en la arcaica Judea, fuera considerada seña inequívoca de una presencia demoniaca. En el Evangelio según Marcos, un hombre se presenta ante Jesús y le implora ayuda en estos términos. “Maestro: traje ante ti a mi hijo, tomado por un espíritu inmundo que, dondequiera que lo ocupa, lo sacude: y mi hijo echa espumarajos por la boca y cruje los dientes y se va secando”. Menos dramático, el Código de Hammurabi se limita a establecer que el comprador de un esclavo tiene el plazo de un mes para devolver la mercancía si descubre que padece el “mal bennu”. Los indígenas de la América precolombina hicieron sus primeros tanteos en la trepanación craneal en busca de una cura. Menos científicas, numerosas legislaciones en el mundo anglosajón impedían todavía hace treinta años, contraer matrimonio si se padecían convulsiones.
3.       Sobrevivientes
Un epiléptico es un ser vulnerable. Una convulsión puede sobrevenirle al volante de un automóvil, al cruzar una calle, en la ducha, a la mitad de un episodio sexual, y dejarlo desvalido, herido, baldado, muerto. A la vez, un epiléptico desarrolla, con los años, una coraza. Muchos de ellos, al madurar, cuando los medicamentos y cuidados consiguen paliar la virulencia que adquiere el mal en la juventud, pueden ufanarse de un historial de batallas y cicatrices que hace palidecer el de cualquier guerrero. Son, fatalmente, sobrevivientes de sí mismos.
4.       El gran mal
¿Qué es lo que se percibe antes, durante y después de un ataque? ¿Puede ese terremoto de sensaciones volcarse en un texto literario? Dostoievski fue un afanoso traductor a las letras de la variante más brutal de epilepsia: los recurrentes ataques conocidos como “gran mal” –que contrastan con una variedad más dócil, en que el afectado se limita a perder el hilo de los acontecimientos, como si se abstrajera en sus propios asuntos. En El idiota, un ataque del príncipe Myshkin es descrito de este modo: “Se atascó un instante, como si estuviera buscando las palabras, y abrió la boca… De repente de esa boca, extremadamente abierta, salió un grito extraño, prolongado, carente de sentido, y él perdió el conocimiento, cayendo al suelo (…) Contracciones espasmódicas sacudían su cuerpo y en las comisuras de la boca había espuma”
Ray Robinson se preguntó lo mismo y ha conseguido encontrar una respuesta, si no definitiva –nada lo es en literatura- al menos fascinante. Electricidad es esa respuesta.
5.       La voz de Lyly
La pluma de Robinson elude con habilidad la consabida novelita médica de denuncia, lo mismo que el culebrón contestatario. El padecimiento, su capacidad para transformar la vida y percepción de una persona, son su  materia. Y su vehículo es un engendro memorable: Lily O'Connor, una chica afectada de epilepsia desde que su madre la arrojó por las escaleras, que, acosada por ataques cada vez más virulentos, emprende un viaje en busca de sus hermanos.
Lily es menos una tesis psicológica que una voz entrañable, tal como preconizaba Charles Dickens, ese otro británico empeñado en la humanización de sus criaturas. Vertiginosa en el uso del lenguaje, filosa  en la percepción de lo que la rodea, lo mismo cándida en su papel de treinteañera en apuros que salvajemente irónica o resignada hasta extremos que lindan con la santidad, la voz de Lily da consistencia a un discurso múltiple y exitoso, además por esa diversidad de recursos y matices.
Ignoro si el azaroso o inevitable lector de esta novela ha despertado alguna vez en mitad de un charco de orina y sudor, sin saber cómo ni por qué. O si ha sentido cómo lo devora el aura que antecede a un ataque, cuando los sentidos se agudizan justo antes de derrumbarse. Lo que sé, fuera de toda duda, es que la eléctrica voz de Lily O'Connor lo convencerá de que, padezcamos o no de epilepsia, la vida es esencialmente una mesa de esquinas afiladas, lista para partirnos la vabeza. Y nuestro papel es despertarnos cada día sucios y desconcertados, como quien se recobra de una convulsión, y pese a ello, levantarnos. O no.

Antonio Ortuño
Prólogo a Electricidad de Ray Robinson
Editorial Sexto Piso


22 may 2014

La sirena

(A la orilla)


I


Es invierno, 
alguien vendrá a leer la arena 
en las manos de los niños.

¿Pero quién vendrá a sumergirse 
en el canto ámbar de una sirena?

¿Quién a desenredar sus arrugas 
y arrancar su canas de la piedra 
en que la voz de la vieja sirena 
se sienta a soñar la juventud de la luna?

¿Quién le ungirá la piel con deseo?
Si ya ofrenda, sus corales al viento, 
si el vientre sin descendencia se hincha, 
si a cada ola, el mar también envejece.


II

Un pez borra las huellas 
de la arena sobre el mar.

No es la voz, es el frío 
quien camina por la arena.

Una sirena niña 
sueña el silencio de las olas.

Párpados de sal y agua 
se cierran en el horizonte.







III

Ahí donde las especies marinas confluyen 
y los caracoles celebran su rito ancestral, 
donde se abren abanicos de fuego 
y el tiempo se repliega de tanto asombro.

Ahí, en el albor de un siglo, 
otra sirena piel de marfil se suicida.

Y no es el frío, ni la difícil madrugada 
del león marino sobre la arena. 
No es el invierno, es el lamento 
quebrantando el vuelo de la gaviota.

Al vuelo se quiebra el ala de la voz.

Caen esquirlas, la sangre asciende por la piel del cielo.



IV 
Quiso ser manta raya 
y soñó que de su vientre salino 
nacerían las más dulces promesas.

Quiso hablar el lenguaje de los delfines, 
apaciguar en sus manos 
los mares de la incertidumbre. 
Liberarse 
de la rutina y la miseria 
que se extendía a plenitud en su horizonte.

Y cortó 
uno a uno los pétalos de la anémona. 
Y giro largo tiempo sobre sí misma. 
Quiso ser estrella de mar.

Y he aquí otro tacón roto 
sobre un espejo de concreto.



Lotería
Nati Rigonni

19 mar 2014

"Y luego vas viviendo y te vas haciendo. Con suerte, y con esfuerzo, es posible que empieces a conocerte un poco. Y también vas encontrando a tu gente, a esas personas que se convertirán en tu mundo, en tu territorio. La única patria que reconozco son mis amigos. Es una patria exigente. La amistad requiere atención, entrega, riego constante. Hay que invertir muchas horas en cultivarla. Ahora que soy mayor, sé con toda certidumbre que es el mejor destino que puedes dar a tu tiempo. Es una de las cosas que he aprendido.

Digan lo que digan los animosos partidarios del optimismo vital, envejecer es algo bastante desagradable. Envejecer es perder; pierdes a la gente querida que se muere; pierdes capacidades físicas y, sobre todo, pierdes futuro: con lo hermosa que es la vida, cada vez se te queda más chica por delante. Pero con los años también ganas un par de cosas muy valiosas: sin duda experiencia, y si te lo trabajas, sabiduría, que es la suma del conocimiento intelectual y de la madurez emocional. Pero, sobre todo, ganas ese pasado común con los amigos. Crecer con los amigos, envejecer con ellos, ir trenzando a la espalda, con esos testigos de tu vida, años y años de una biografía compartida, es algo absolutamente maravilloso. Con los años, con los muchos años (yo tengo amigos activos desde hace tres décadas), las amistades se profundizan y agigantan. Alcanzan un nivel de emoción y de veracidad indescriptible."


Texto Rosa Montero, El País, "Maneras de vivir", 19/9/2010

Ilustración Jimmy Liao



28 ene 2014

A propósito de Desencuentros de Jimmy Liao

Amor a primera vista

Ambos están convencidos
de que los ha unido un sentimiento repentino.
Es hermosa esa seguridad,
pero la inseguridad es más hermosa.

Imaginan que como antes no se conocían
no había sucedido nada entre ellos.
Pero ¿qué decir de las calles, las escaleras, los pasillos
en los que hace tiempo podrían haberse cruzado?

Me gustaría preguntarles
si no recuerdan
-quizá un encuentro frente a frente
alguna vez en una puerta giratoria,
o algún "lo siento"
o el sonido de "se ha equivocado" en el teléfono-,
pero conozco su respuesta.
No recuerdan.

Se sorprenderían
de saber que ya hace mucho tiempo
que la casualidad juega con ellos,
una casualidad no del todo preparada
para convertirse en su destino,
que los acercaba y alejaba,
que se interponía en su camino
y que conteniendo la risa
se apartaba a un lado.

Hubo signos, señales,
pero qué hacer si no eran comprensibles.
¿No habrá revoloteado
una hoja de un hombro a otro
hace tres años
o incluso el último martes?

Hubo algo perdido y encontrado.
Quién sabe si alguna pelota
en los matorrales de la infancia.

Hubo picaportes y timbres
en los que un tacto
se sobrepuso a otro tacto.
Maletas, una junto a otra, en una consigna.
Quizá una cierta noche el mismo sueño
desaparecido inmediatamente después de despertar.

Todo principio
no es más que una continuación,
y el libro de los acontecimientos
se encuentra siempre abierto a la mitad.

Wislawa Szymborska- Polonia
Versión de Abel A. Murcia





24 sept 2013

Expulsión




Estimado Sr. Pearson:
Usted me indicó que escribiera una carta pidiendo disculpas por no haber asistido a la clase obligatoria de deportes de los miércoles en la tarde las últimas seis semanas. También me indicó que explicara en detalle en qué ocupé ese tiempo. Dijo que si no lo explicaba, recomendaría mi expulsión de la escuela.
Más vale que le diga desde el principio, señor, que no puedo pedir disculpas.
Sé que las tardes de deportes son obligatorias, pero eso no significa hacer los deportes que usted, señor, admite y organiza.
He hecho indagaciones sobre este tema con mi tutor de curso, con el subdirector del colegio y el director de sexto de bachillerato (no les dije por qué lo preguntaba, ni les conté de su amenaza; simplemente planteé la pregunta como un asunto de interés general). Todos estuvieron de acuerdo en que el propósito de la tarde de deportes es garantizar que hagamos ejercicio. En otras palabras, la cuestión no es el deporte en sí, sino nuestra salud. Concordaron en que hay muchas maneras de hacer ejercicio y no únicamente jugar futbol, que es el deporte que usted en lo personal prefiere. Debo reconocer que a mí es el deporte que menos me agrada.
Me gusta caminar, trepar árboles y el tenis en temporada (de hecho, prefiero el sexo  a todos éstos, el cual he leído es tan buen ejercicio como cualquier deporte). Ninguno de estos deportes (y mucho menos el sexo) es ordenado por usted en los periodos obligatorios de deporte. Así que yo me ejercito de estas maneras en otros momentos de la semana, tales como después de clases y los fines de semana.
De acuerdo con las recomendaciones del documento oficia titulado Salud y ejercicio para niños y jóvenes en edad escolar Dfes C5 66/B, p. 14 (disponible, señor, en el sitio en red del gobierno, por si no lo leyó), el promedio recomendado para la gente de mi edad es un mínimo de tres horas de “actividad vigorosa” a la semana. Yo supero ese mínimo fácilmente, sobre todo si incluyo el sexo en mis cálculos.
Se nos dijo que estos dos últimos años de escuela iban a prepararnos para nuestra vida posterior, ya fuera en la universidad o en un trabajo. Recuerdo al director diciéndonos que un elemento clave era que teníamos que “hacernos responsables de nuestros estudios” (cito de mis apuntes de aquella ocasión) más que simplemente seguir instrucciones de los maestros. Y también que debíamos “usar nuestra iniciativa para el estudio autodirigido y las actividades extracurriculares”.
En estas últimas seis semanas, me he hecho responsable de mi ejercicio y he usado mi iniciativa para actividades deportivas autodirigidas.
Siendo esto lo que nos exhortaron a hacer, no veo motivo para disculparme por ello.
Pero ésa no es la única explicación para haberme perdido su clase de deportes de los miércoles.
Yo no sé, Sr. Pearson, si usted era como yo cuando tenía mi edad. Por algún motivo, lo dudo. Yo soy una de esas personas a las que siempre escogen hasta el final en cualquier deporte de equipos. Es verdad que no sirvo para desplazarme por una cancha como si en ello me fuera la vida ( sé que no me va). No sirvo para taclear a otros jugadores con una intención agresiva ni con el deseo competitivo de quitarles el balón. Soy un caso perdido para atrapar cualquier objeto que me lanzan. No me importa un comino si gano o pierdo cualquier juego. De hecho, todas las formas de actividad física competitiva me parecen repugnantes. Creo que es una forma de violencia legitimada. Yo me opongo a cualquier tipo de violencia y sobre todo a aquellas que fueron inventadas solamente para hacer ejercicio.
La gente que es buena para estas cosas y que gusta de ellas es la que suele acabar de capitán del equipo y la que escoge a la gente con la que quiere jugar. Como todos saben que soy pésimo para todas las habilidades requeridas, y dado que no oculto mi desagrado por los deportes competitivos en equipo, no es de extrañarse que sólo me escojan si no hay nadie más para completar los números. La mayoría de las veces, en sus tardes de deportes, me dejan fuera, como algo innecesario, y me paso las dos horas y media con los otros sobrantes , que por lo general somos los mismos tres  o cuatro, a quienes eufemística e incorrectamente nos llaman “reserva”.
Dudo, Sr. Pearson , que usted en su vida haya sido un sobra de “reserva”. Por lo tanto no puede saber la humillación que sentimos quienes padecemos tal destino. No puede saber la humillación que sentimos quienes padecemos tal destino. No puede saber lo que es pasar el roto con otros dos o tres sobrantes, pateando un balón sin propósito alguno, fingiendo que estamos jugando para evitar que usted nos grite de vez en cuando, señor. No puede saber cuán deprimente resulta esto en un día frío y húmedo de invierno. Pero sí esperaría, Sr. Pearson, que por lo menos se diera cuenta, tras pensarlo algunos minutos, de la enorme pérdida de tiempo que es. Tiempo que he decidido, por mi propia iniciativa y haciéndome responsable de mí mismo, emplear de manera más valiosa en mis estudios.
Como he dicho, no puedo pedir disculpas por esto.
Lo cual me lleva a la descripción que usted solicita de cómo he pasado mis tardes de miércoles las últimas semanas.
Puedo decirle que las pasé en la biblioteca de la escuela. La bibliotecaria, sin duda alguna, podrá confirmarlo.
Pero como no llevé un registro exacto de lo que logré en esas tardes, no puedo darle una descripción detallada. Lo que sí puedo decirle es que pasé el tiempo en estudio autodirigido de temas extracurriculares, a saber: los hábitos sexuales del sapo corredor, la psicología y corrupción del poder en actividades humanas (incluyendo el deporte) y la política de la resistencia pasiva.
Puedo proporcionarle las referencias bibliográficas de los libros consultados si así lo requiere.
En conclusión, Sr. Pearson, quiero decir que el deporte me parece una actividad periférica a la vida escolar. No debería permitirse que suplante el verdadero propósito de una escuela que, en mi humilde opinión, es educar a la gente joven en el estudio de la vida humana mediante las artes y las ciencias. Ejercitarse, lo cual estoy de acuerdo es una actividad prudente, es algo que debería llevarse a cabo fuera del horario escolar en una selección voluntaria de aquellas actividades que más agraden al individuo y mejor se adapten a su naturaleza y aptitudes.
Estos son mis motivos y explicaciones para no haber asistido a la clase de deportes obligatoria las últimas seis semanas.
Sinceramente,
Jason Hind



Al director de la escuela:
Recomiendo la expulsión de este alumno, no sólo por faltar a la actividad deportiva obligatoria, sino también por el tono insultante de su carta y su negativa a disculparse por su infracción. Si toleramos semejante conducta y actitud grosera sin tomar una postura firme, perderemos toda nuestra autoridad y se propagarán como pólvora infracciones aún peores.
J. R. D Pearson, Director de deportes

Al director de deportes:
Petición rechazada. Estoy de acuerdo en que el muchacho hizo mal en saltarse la actividad obligatoria sin consultarlo antes con usted y estoy de acuerdo en que el tono sardónico y algo del contenido de su carta podrían tomarse como un insulto, si uno así quiere verlo. Pero su punto sobre las metas que planteamos para los alumnos de sexto me parecer muy bueno. No podemos decirles que hagan algo y luego enojarnos porque lo hacen.
Hablé con Hind y le di un buen regaño. Le indiqué que lo buscara para disculparse debidamente y que asistiera los miércoles sin falta. Le dejé en claro que si falla, reconsideraré mi decisión de no expulsarlo. Sin embargo, también me parece que tienen un buen punto con respecto a los “reservas” (¿tal vez usted pueda pensar en algo mejor qué hacer con los que quedan fuera?). Y le he dicho que puede jugar tenis adentro con cualquiera de los otros “reservas” que quiera jugar con él.
Con eso sugiero que demos el tema por concluido.
W. P. Turnbull, director de la escuela. 


Aidan Chambers
El juego de los besos
Fondo de cultura económica